Tres años y un poquito más que llegué a Lima, al pueblo “cielo panza de burro”, a mi versión del Lucky Town de Mr. Hayes… Y ahora, luego de tres años y un poquito más, estoy listo para dejarlo atrás.Viví en una habitación con techo de tecnopor, con un casero que parecía un villano sacado de una película de ciencia ficción clase “b” y también pasé un año compartiendo un bellísimo dúplex miraflorino con gente espectacular, puros borrachos “¿Habla unas chelas?” y nenas “maldizzzion maldita zzzea”, pasando por cuartos y departamentos con paredes llenas de historias propias y mucho espacio para algunas nuevas.
Trabajé como fotógrafo, como anfitrión (con mi metro 63 y mi cuerpo de niño), como mesero, cajero, asesor inmobiliario, fui niñero, pintor y la lista sigue. Sentí de primera mano lo que es cagarse de hambre y no tener más que una chela, un chancay y un pucho y también me di el gusto de comprarme esas cosas que siempre quise y jugar a ser Blair Waldorf en Gossip Girl.
Me enamoré, sufrí y me enamoré otra vez… y me ilusioné un par de veces más, me partieron el corazón casi tanto como lo hice yo. ¡Y fue espectacular! Todas las tardes llorando y suspirando por los “verdaderos amores de mi vida”, el pescador, la morena, el flaco que parecía modelo, mi año nuevo 2012, el de rulos que ahora es bebita, el papá de Toddy (como te quise, imbécil), el que parecía Zach Efron, mi punto de Punta Negra… todas las miradas profundas, las DPA (demostraciones publicas de afecto), las llamadas de borrachera, los chats de despecho, el buen sexo. Excelente ejercicio para el corazón. ¡Gracias a todos!
Conocí ángeles sin alas, disfrazados de amigos, jefes, compañeros de trabajo y puntos, todos ellos con historias diferentes, manías únicas, e intenciones diversas… pero todos con los brazos abiertos listos para ayudarme. Me he topado con gente maravillosa que me ayudo a confiar en mi y también con PERRAS y PUTOS que me han enseñado a no ser tan confiado de los demás.
Adopté una gran familia nueva, tengo nuevos hermanos y hermanas, unos más nenas que otros, tengo varios padres, madres, papis y mamacitas. Me han visto llorar, me han arrastrado borracho a mi casa, me han filmado mientras renegaba, me han visto tirar con alguien y me han sujetado la cabeza para vomitar. Cada uno tiene ahora un lugar especial en mi.Aprendí mucho más de lo que jamás me imaginé aprender aquí, no solo a manejar una cámara, componer, dirigir y poner en digital lo que surfea en mi mente, también a exceder las expectativas de la gente y adelantarme a sus necesidades, a “agendar y organizar” (lección medio aprendida), a no hacer el ridículo en un karaoke, pero por sobre todo lo demás, a que las cosas llegan cuando estas listo para ellas, se quedan el tiempo que deben quedarse y se van en el momento adecuado.

Y como en una película de los 90’s tiro mis bultos en el asiento trasero de mi Dolge descapotable y miro atrás al pueblo gris que me recibió, acogió, revolcó, levantó y abrazó estos últimos tres años y un poquito más, con las gafas vintage puestas le lanzo un beso volado a los edificios, las calles y su gente y sigo mi camino
al atardecer.
¡Hasta que Cher nos vuelva a juntar!
